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La música es medicina, queridos y conocedores melómanos. Ustedes lo saben bien. Por eso, además de la colección de álbumes que cada quien tenemos y a los cuales recurrimos cuando necesitamos alimentar nuestro espíritu, también es bueno conocer otro tipo de frecuencias de sonidos y melodías que científicamente se han demostrado actúan de manera directa y específica sobre nuestra mente y cuerpo, de manera positiva, claro está.

La musicoterapia es una rama de la ciencia relativamente nueva que combina diversas disciplinas para conectar el arte con los procesos interpersonales, con el propósito sanar o estabilizarnos emocional y físicamente hablando. Por ejemplo, en algunas enfermedades o condiciones como el Parkinson, Alzheimer, traumatismo de cráneo, autismo, demencia o ciertos problemas de conducta, se ha comprobado que las terapias de frecuencias sonoras tienen efectos bioquímicos en los aminoácidos de las proteínas y las secreciones glandulares, mientras que en lo que respecta a efectos fisiológicos aceleran o disminuyen el pulso o el ritmo cardiaco, así como regulan la presión sanguínea o los ritmos respiratorios. En cuanto a efectos cognitivos e intelectuales, sabemos que estos métodos facilitan la capacidad de análisis y concentración, mejoran los procesos de razonamiento, estimulan la memoria y la creatividad, además de que nos ayudan a relajarnos. Y qué decir de los efectos psico-emocionales, pues aquí encontramos diversos efectos como el placer, la alta autoestima y la autorrealización, además de facilitar nuestra integración social y de que funciona como sedante o estimulante.

De acuerdo a los estudios del Dr. en Salud Pública y especialista en la materia, Leonard Horowitz, es la 528Hz una frecuencia central en la matriz matemática musical de la creación, por eso la denomina La frecuencia del Amor, ya que conecta el corazón y su esencia espiritual con la realidad. Por lo mismo, el matemático Víctor Showell y el investigador Joh Stuart Red la recomienda para efectos de estructuración del ADN y la reestructuración hidrosónica, por ejemplo.

Otros científicos y autores como Kenneth E. Bruscia, E. Thayer Gastón, Betes Del Toro, Léon Bence, Max Méreaux y Mora Zúñiga, entre muchísimos más, en los últimos años han identificado otras frecuencias que defienden la hipótesis de que el sonido combate malestares muy puntuales en el cuerpo humano, por lo que se han diseñado tratamientos con efectos sanadores con ayuda de la 285Hz para atender los tejidos y células (rejuvenecimiento del cuerpo), 396Hzpara combatir el miedo o el sentimiento de culpa, 625Hz para beneficios directos en el hígado, 741Hzpara la limpia de células, 764Hz con el fin de regular el sistema nervioso y 963Hz para activar la glándula pineal.

Siendo una rama nueva, decíamos, la musicoterapia aún tiene mucho campo y tiempo por delante para seguir avanzando y liberar más respuestas a sus frecuentes interrogantes. Por ahora, con los conocimientos que han podido demostrarse, podemos asegurar su efecto terapéutico en las personas para casos muy específicos, en tratamientos que no son para nada invasivos ni dolorosos y que, por el contrario, son hasta placenteros. Además, no conlleva contraindicaciones y son fácilmente accesibles desde cualquier lugar o situación socio económica debido a la propia universalidad de la música.