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En el aniversario de su publicación, repasamos la historia de influencias africanas y peleas internas detrás del disco que catapultó a Talking Heads a la fama mundial.

Cuando en junio de 1983 los miembros de Talking Heads publicaban su quinto álbum de estudio, es probable que jamás se hubiesen imaginado el éxito que tendría, ni la importancia cultural que aportaría con el transcurso de los años a la cultura rock. Hacia mediados de 1982, la banda estaba virtualmente separada. Luego del éxito conseguido con Remain in Light (1980), disco que los terminó por convertir en una banda reconocida y respetada, el ego de David Byrne, su líder y cantante, terminó desgastando la relación entre los propios integrantes de la agrupación.

A partir de esto, Byrne decidió seguir trabajando con Brian Eno, quien produjo los cuatro primeros discos de la banda, y publican en 1981 el disco colaborativo My Life in the Bush of Ghosts. Mientras el dúo hacía las suyas, la bajista Tina Weymouth y el baterista Chris Franz armaron su proyecto de música dance como Tom Tom Club. El proyecto cobró una notable popularidad partir del éxito de la canción “Genius of Love”, que llegó al número uno del ranking de Billboard «Disco Top 80» de 1981.

Luego de trabajar con Eno, y alejado de sus compañeros, Byrne entró en una etapa de introspección personal en la que profundizó en su exploración de los ritmos del pop nigeriano -tomando a Fela Kuti como principal influencia- y en los ritmos funk del new wave neoyorquino. Junto con esta inspiración del pop africano y el funk, Byrne también comenzó estudiar el potencial de la canción sureña, especialmente de artistas que estaban de moda por ese entonces como ZZ Top.

La vocación del cantante por el vanguardismo, formada desde pequeño cuando era un entusiasta experimentando con sonidos y frecuencias de su cassettera, sumada a su pasión por las formas geométricas y la relación entre el diseño y la vida cotidiana, había quedada bien plasmada en sus anteriores discos. Sin embargo, aún sentía que no había podido explotar al máximo el poder de la síntesis musical en su carrera, y la fluidez y naturalidad para ser escuchada por cualquier persona.

Luego de unos meses, Byrne ya tenía terminadas las primeras maquetas de varias canciones, y decidió llamar al tecladista y guitarrista Jerry Harrison -antes que a Weymouth y Franz, sus compañeros históricos- para hacérselas escuchar y ver qué opinaba. Harrison quedó sorprendido al escucharlas, ya que no se parecían en nada a lo que la banda había hecho anteriormente.

En el medio del suceso que estaban teniendo con Tom Tom Club, Harrison recomienda a sus otros dos compañeros de banda que escuchen los demos de Byrne, y de inmediato deciden volver a juntarse para grabar un nuevo disco. El mérito de la reunión de la banda después de tres años de distancia se debió a la astucia con la que el cantante ideó el concepto del disco y atrajo la curiosidad de sus compañeros para volver a juntarse más allá de los roces personales que habían tenido en el pasado,

El comienzo de los ochentas era un momento de transición para el synth pop, con bandas como Depeche Mode, Soft Cell y The Human League comenzando repensar su forma de componer. El más tarde llamado indie aún era incipiente -The Smiths empezaría a explotar a finales de aquel 1983-, y el new romantic de proyectos como Duran Duran tenía muy poco que ver con el concepto artístico que buscaban los Talking Heads.

En ese contexto, Byrne pensó en una jugada artística magistral para llevar el sonido de la banda más allá de sus límites. Speaking in Tongues combinaría el funk de pista de comienzos de los ochentas con la sensibilidad artística de la música universitaria blanca. Esto terminaría masificando el público de la banda y al mismo tiempo ampliando el universo musical del new wave al traer elementos de la música africana.

La banda entró a grabar el disco en julio de 1982 en los estudios Nassau de Nueva York. Las sesiones de grabación se extenderían hasta febrero de 1983 y Speaking in Tongues sería finalmente publicado el 1 de junio de 1983 a través de la discográfica Sire Records. Ya desde el vamos con Burning Down The House” -la apertura del disco y el primer tema de la banda en llegar a un top 10 de la Billboard-, la banda unía conceptual y líricamente a la cultura punk, dance y pop, extendiendo el potencial comercial de su música hacia todo el mundo.

 

 

Algo relevante a destacar es la versatilidad que tuvieron los miembros de la agrupación para tocar diferentes instrumentos sin ser virtuosos, lo que provocó una profunda experimentación y variedad de sonidos. Speaking in Tongues representa un momento supremo para Talking Heads en relación a la interpretación, composición y producción de su música. Canciones como “Making Flippy Floppy”, “Moon Rocks” y “Pull up the Roots” son una demostración de una de las mayores virtudes de la banda: el talento para actualizar géneros musicales clásicos como el reggae, el funk, el dub y el disco, y llevarlos a un lenguaje moderno y futurista.

“This Must Be the Place”, además de ser uno de los hits del disco, es también una clase magistral de cómo elaborar una canción pop y experimental al mismo tiempo. Byrne parece rendirse y finalmente comprender el enamoramiento, sobre una sinfín de arreglos de sintetizadores y guitarras funk, dando forma a uno de los mayores himnos del catálogo musical de la banda.

Otro hecho clave para comprender el éxito del disco fue el poderoso show en vivo de la banda retratado en la emblemática película Stop Making Sense dirigida por Jonathan Demme, director El Silencio de los Inocentes y Philadelphia. Icónicas decisiones artísticas como el traje gigante usado por Byrne que hacía parecer su cabeza diminuta, las coreografías de la banda, los juegos de luces y las imágenes proyectadas en la pantalla, propulsaron el potencial visual de Taking Heads y Speaking in Tongues.

 

La idea de buscar la fantasía en el realismo y lo cotidiano a través del exotismo sonoro hizo de Speaking in Tongues uno de los primeros discos en definir la idea de “world music”. Incorporando coristas, percusionistas y guitarristas afroamericanos, la banda logró romper con la norma anglo-blanca de la mayoría de las bandas de new wave y synth pop de aquellos tiempos. Además de Fela Kuti, otra importante influencia musical del disco fue la banda Parliament Funkadelic, agrupación de la cual los integrantes de Talking Heads eran fans. Esta fusión quedó plasmada en «Girlfriend is Better«, que cuenta con el tecladista Bernie Worrell de los Parliament como invitado.

Speaking in Tongues era también el disco más claro, fresco y directo de la banda, especialmente en comparación con anteriores trabajos más experimentales como Fear of Music o Remain in Light. Así es cómo logró alcanzar el puesto número 15 en el ranking de álbumes del año de la revista Billboard, catapultando definitivamente al reconocimiento de la banda más allá de las fronteras norteamericanas. El éxito del álbum trascendería las décadas también, siendo de vital influencia para bandas como Radiohead -quien tomaron su nombre de una canción del disco siguiente de Talking Heads-, Gorillaz y Arcade Fire -quienes homenajearían la banda y colaborarían con Byrne en una canción titulada «Speaking in Tongues»-.

Casi como una casualidad del tiempo y el destino, el mismo año que The Clash -una banda que se había iniciado en el punk británico- llegó su cenit con el disco Combat Rock, los Talking Heads -que también se habían iniciado en el punk norteamericano del pub CBGB- alcanzaron su cumbre de popularidad. Ambos sucesos no son casualidad, ya hablan de la capacidad de los integrantes de ambas bandas para explorar y adaptar estilos africanos a su propio sonido.

Además de adelantar la futura globalización musical, Speaking in Tongues deja en claro que los artistas pueden influenciarse por sonidos de todas partes del mundo, sin por eso perder su identidad o la espicificidad artística que los hizo reconocidos.