GAIA: UN ÁNGEL…

Por alguna razón, desde que bajó del microbús en el rumbo de Garibaldi y se encaminó hacia Reforma, Gaia se sentía inquieta, nerviosa, incluso cuando abordó el colectivo que habría de llevarla a casa, a pesar de ser ella la única persona que abordó, seguía tensa y con sus músculos en guardia.

“Bueno, tal vez me faltó un poco de acción en el ring, pero ya vendrán mas presentaciones en la Coliseo, por lo pronto, dos semanas más”, pensaba, tratando de relajarse mientras el microbús dejaba atrás Reforma y entraba a Calzada de Guadalupe.

“¡Qué hambre tengo!, creo que me bajaré un par de cuadras antes para cenar  en el Tot’s, ¡Hoy no tengo ganas de preparar nada!... ¡Huy!, ¡Hola bebé!”, pensaba mientras sonreía a la pequeña ocupante del asiento delantero, una niña de aproximadamente un año de edad a quien parecía hacerle gracia la correa de la maleta de Gaia, quien con una sonrisa se despidió de la pequeña y se puso de pie, pues estaba a punto de llegar a su destino. Tocó el timbre y cuando descendió, justo cuando estaba a punto de cruzar la calle, sintió un tirón bastante brusco en su maleta, como si quisieran arrancársela, más cuando se volvió para repeler la agresión, no había nadie, hecho que la turbo aún más de lo que estaba anteriormente.

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“Debió ser el aire, caramba, ya imagino cosas”, cruzó la calle y estaba a punto de empujar la puerta del restaurante cuando el letrero que indicaba “Cerrado”, le fue señalado por una de las dependientes del lugar, “¡Demonios!, no es tan tarde”, se dijo a si misma mientras pensaba alguna solución rápida a su problema.

“Bueno, ¡Carne Asada otra vez!”, no era que le desagradara cenar carne asada tres noches seguidas, pero realmente no tenía ganas de cocinar. Suspiró y se cruzó el centro comercial, nuevamente con la sensación de que era seguida, observada.

Llegó a Calzada de los Misterios y cruzó la acera, decidió tomar la ruta directa y encaminarse por Leoncavallo, seguramente a esas horas, los prostitutos del rumbo ya habrían ahuyentado a los pocos transeúntes de la zona que pudiesen evitarla.

A lo lejos distinguió a un pobre individuo que había caído presa de estas arpías modernas, Seguramente quien imaginó a estas criaturas mitad mujer mitad ave se inspiró en los travestís de su época. Más al ver de frente esta situación, se dio cuenta de que la presa no era uno de los “clientes” de estas personas, sino un poco precavido cristiano que estaba siendo asaltado a todas luces, y que había cometido el error de de oponer resistencia pese a la superioridad numérica de sus agresores.

Gaia decidió que no era justo, y quizá impulsada por esa tensión de la que era presa, dijo en voz alta “¡Déjenlo!”, mientras soltaba su maleta y con una pierna la apartaba a un lado, mientras se colocaba en guardia.

“¡Vete de aquí chiquilla!”, “¡Qué te importa lo que le pase!, ¿es de tu familia?” fue la respuesta que recibió por parte del que parecía ser el líder, mientras su compinches volteaban a verla y aflojaban la presión sobre su cautivo, quien parecía un tanto aliviado de escuchar este dialogo. Gaia sintió una furia que no sentía desde años atrás, cuando recibió la noticia de que sus padres y hermanos habían perecido en un accidente en la carretera, Gaia sintió como le hervía la sangre al tiempo que respondía “Sí, sí lo es”.

“OK, entonces, ¿Qué nos das por que los dejemos ir a él y a ti?”.

“Dinero no tengo, pero te puedo entregar mi anillo, es de oro”, decía mientras se quitaba la joya que adornaba su mano izquierda y que parecía ser de bastante valor, colocándola sobre su palma derecha, “Ven, ¿lo quieres?, Ven y tómalo”.

El tipo de apariencia bizarra y de físico un tanto bofo sonrió, se aproximo a Gaia, quien cerró el puño y pareció tendérselo a quien tenía la ventaja, en apariencia, más cuando este estuvo a distancia prudente, la chica giró, bajando su centro de gravedad, levantando la pierna izquierda para asestar una patada justo en la sien del tipo que cayó al suelo sorprendido, recibiendo un segundo impacto en la nuca, viéndose obligado a comer concreto, mientras sentía pasos sobre su espalda.

El recién llegado no lo podía creer, la chica se dirigía a él y se abría paso entre los dos individuos que segundos antes amenazaban con abrirle el cráneo con sus filosos tacones, dándoles un par de puñetazos al rostro y mandándolos al suelo, al tiempo que con un puntapié le desprendía al que lo sujetaba de los pies, haciendo crujir sus costillas. Los dos que lo sujetaban de los brazos simplemente lo soltaron y echaron a correr, hasta perderse en la noche.

“¿Eres un Ángel?”, fue lo que atinó a preguntar, mientras su salvadora le entregaba sus maletas y se dirigía a recoger la suya.

Ahora sí, estaba en ShocK., ¡Salvado por una chica!, caramba, le habían dicho que la ciudad era extraña, pero nunca pensó que tanto así. ¡Una chica lo había salvado!, y no cualquier chica, esta medía veinte centímetros menos que él y tenía el rostro de un ángel, aunque la furia que se dibujó en ella previamente, le hizo preguntarse acerca de la naturaleza de esta.

“¿Te quedas ahí?”, te aseguro que en cuanto estos tipos se puedan poner de pie no van a estar muy contentos, así que te recomiendo que sigas tu camino, si es que piensas llegar a algún lado. A propósito…”, le dijo la chica, “¡Traes el cierre abajo!”.

Apenado, el sorprendido Samuel, se llevó las manos al cierre de su pantalón mientras echaba a andar detrás de ella y le preguntaba, “Señorita, ¿Sabe donde queda la calle de Leoncavallo?”.

“Estas en ella” fue su respuesta.

“¿Y La calle de Constantino?”.

“¿Acaso me estas siguiendo?” dijo Gaia mientras lo miraba a los ojos, esa expresión de gatito asustado en él le hizo sentirse segura, de hecho, si había algo que caracterizaba a Gaia, era la fuerza de su mirada, según decían, era capaz de hacer llorar a una piedra con solo mirarla. “Me imagino que estas de suerte, porque justamente voy para allá, así que, ¡Andando que no tengo toda la noche!”.

El hombre sonrió y exhalando un suspiro pensó, “¡Ay tío!, si no fuera porque me dijiste que era muy urgente lo que tenías que tratar conmigo, en este momento me regresaba al pueblo”, y mientras pensaba esto, volvía su mirada hacia Gaia, mientras un mar de dudas acerca de la identidad de esta lo inundaba y amenazaba con desbordarse si no preguntaba algo en ese momento…

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