El Super Bowl 🇺🇸 evolucionó para convertirse en espectáculo, cultura pop y por supuesto, política. El año pasado con Kendrick Lamar es el mejor ejemplo.
Las redes en Estados Unidos estallaron de odio por el anuncio de un artista latino en el medio tiempo(aunque Bad Bunny sea ciudadano norteamericano).
Uno que además decidió no hacer gira en Estados Unidos como protesta ante la política antimigratoria de Donald Trump y realizó 30 conciertos consecutivos en Puerto Rico.
La NFL también es campo de la guerra cultural en Estados Unidos.
Hace unos años el jugador Colin Kaepernick se arrodilló en un partido durante el himno nacional como protesta contra el racismo policial y desató la furia de los conservadores.
“Saquen a ese hijo de puta del campo, despídanlo”, fueron las palabras de Trump tras la protesta de Colin, quien fue cortado por su equipo al poco tiempo y no volvió a jugar bajo la excusa que el deporte y la política no se deben mezclar.
Hipócritamente, casi todos los equipos de la liga le rindieron homenaje a Charlie Kirk tras su asesinato. Solo seis equipos (de 32) optaron por NO hacerlo.
La NFL busca expandirse y que el deporte sea consumido de forma más global, es claro que elegir a Bad Bunny como artista del medio tiempo es su forma de impulsar esto.Pero también al mismo tiempo, la pura presencia del conejo malo en el Super Bowl o Billie Joe utilizando a la virgen de Guadalupe, son statements políticos a favor de la diversidad cultural en un país cuyo gobernante impulsa abiertamente políticas de xenofobia y segregación.





















