La gente comenzaba a llenar el recinto desde temprano. Al llegar al Escenario GNP Seguros, un contador regresivo en las pantallas avivaba la emoción. Cada segundo que pasaba aumentaba el murmullo, los gritos, y esa energía colectiva que solo un concierto puede generar.
Cuando el reloj llegó a cero, las luces se apagaron por un instante, y el grito fue unísono. Hombres G, íconos del pop rock español, pisaban el escenario con fuerza.
Abrieron con “Tengo una chica”, haciendo que todos se pusieran de pie. Sin dar respiro, siguieron con el clásico “Chica cocodrilo”, que fue aún más especial por la participación de Alex Syntek, quien se unió en el teclado, aportando su estilo único y demostrando la buena química entre generaciones de músicos.

La fiesta apenas comenzaba. Sonaron acordes conocidos y el público estalló con “Mujer de bandera”, seguida de “Solo otra vez” y “Chico, tienes que cuidarte”. Cada canción era coreada de principio a fin, como si el tiempo no hubiera pasado desde su primera vez en la radio.

Y entonces, un momento mágico: apareció Ana Torroja. Juntos interpretaron “Si no te tengo a ti”, una colaboración cargada de emoción, nostalgia y una euforia que llenó el lugar. Dos leyendas del pop iberoamericano, un mismo escenario, una canción inolvidable.
La noche seguía sumando joyas del repertorio: “Un par de palabras”, “Mis amigos”, “Dos imanes”, “¿Qué soy para ti?” y “Lo noto”, todas acompañadas por visuales vibrantes y una banda totalmente entregada.
Y cuando nadie lo esperaba, llegó una de las sorpresas más grandes de la noche: Carlos Rivera subió al escenario para cantar uno de los clásicos más queridos de los 80 junto a la banda. El público, sorprendido y feliz, ovacionó la colaboración que unió generaciones y corazones.

El concierto no bajó la intensidad y continuó con temas como “Indiana”, “Lawrence de Arabia”, “Nassau”, “Suéltate el pelo”, “Martha”, y por supuesto, “Voy a pasármelo bien”, una explosión total que puso a bailar a todos.
En un momento más íntimo, la banda hizo una pausa para interpretar baladas llenas de sentimiento como “Temblando”, “No te puedo besar”, y “Te necesito”, para luego presentar con orgullo “La carretera”, una de esas joyas menos comerciales pero muy queridas, del álbum La cagaste… Burt Lancaster, que resonó como un guiño a sus fans más fieles.

Ya en la recta final, sonaron los verdaderos himnos. Con “Venecia”, el público volvió a levantarse, y luego llegó “Visite nuestro bar”, en la que se unió un personaje que no podía faltar: Rubén Albarrán de Café Tacvba. Su energía fue desbordante, corriendo de un lado a otro del escenario, contagiando a todos con su carisma. Como diría el dicho: “es como el arroz, está en todos los moles” —y en este mole, no pudo haber combinado mejor.
Y para cerrar con broche de oro, como se debe, sonó la canción que todos esperaban: “Sufre, mamón”.
