La época de rock ochentero en México está marcado por voces profundas y un sonido introspectivo que encuentra su norte en las guitarras que salían del sonido convencional. Una de estas agrupaciones es La Castañeda, que en 36 años logró mantener su esencia y dejar una gran huella en la memoria colectiva de las personas. En la ocasión del 7 de junio, el Auditorio Nacional fue testigo del poder creativo que la banda de Salvador Moreno y compañía tienen para ofrecer en nuestros días.
El barco de locas y locos a reventar
Minutos antes de las 20 horas, sonidos del mar y de algunas almas perdidas ambientaron las luces azules que envolvieron el Auditorio Nacional. De forma progresiva, comenzaron a llegar seres desde el público listos para tomar el navío de La Castañeda. Después, detrás de una cortina transparente llegó la banda para comenzar las acciones.
El concierto contó con una gran participación teatral que ilustró las canciones. Temas como «Loco», «La Fiebre de Norma» y el debut en vivo de «Todo Pasará» calentaron motores y lograron apurar al público que recién llegaba al «Coloso de Reforma» para tomar asiento y ser testigos de cinco actos que recorrerían la trayectoria de la banda.
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Este concierto tuvo una gran carga significativa porque, luego de esta presentación, la banda se tomará un pequeño descanso. Por eso, dieron el espacio para agradecer a muchas y muchos de sus contemporáneos para cantar sus éxitos; ejemplos de ellos son «Sueños» que contó con la participación de Ramoncito, «La Dosis» que tuvo como segunda voz a Héctor Quijada de La Lupita, y las canciones «Amantes de lo Insólito» y «Tu Culto» que tuvo como guitarrista y voz a José Manuel Aguilera de La Barranca.
«Esta noche no solo es importante para nosotros, sino para el rock mexicano», La Castañeda
La segunda parte del concierto continuó con temas icónicos y más invitadas e invitados de lujo que lograron sacar una gran explosión de adrenalina del Auditorio Nacional. «Tumba Matriz» fue la advertencia necesaria para la gran combinación entre «Tloque-Nahuaque» con Sergio Arau, «Cautivo de la Calle» con el Tributo a Santa Sabina y «La Espina» que tuvo como invitados a los Malditos de Corazón.
La emoción logró motivar a Salvador Moreno a sacar su celular y enmarcar uno de los momentos más representativos de su vida. «La Carta» y «Noches de Tu Piel» le sirvieron al público como ensayos para cantar a todo pulmón «Cenit», el tema insignia de la banda. Además de cantar, el respetable abrazó, besó y agradeció la existencia de sus acompañantes al concierto de forma física y espiritual, independientemente de estar o no en este plano físico.
El cierre del concierto contó con la presencia de Armando Palomas para cantar «Trasfusión». La noche y el barco de La Castañeda zarpó hacia alguna parte con «Ángel de las sombras», una canción que se dedicó a todas y todos los seres que acompañan a «La Casta» desde lo espiritual; personas que fueron (y son) piezas fundamentales para que este concierto y la trayectoria de la banda esté con la gente.
