Desde Nueva York, la cantante Jessie Kilguss lanza «Howard Johnson’s», un single que es mucho más que una canción: es un acto de alquimia emocional donde el absurdo se transforma en poesía. La pieza nace de una línea delirante de Al Pacino en «Tarde de Perros» –»fletaré un avión a Argelia. Allí tienen un Howard Johnson’s»– que, tras la muerte de su padre, se convirtió en un conmovedor homenaje a su memoria y su profunda conexión con los perros. Este tema, cargado de nostalgia y una belleza melancólica, anuncia su sexto álbum, «They Have A Howard Johnson’s There», producido por el virtuoso Charlie Nieland.
En paralelo, el propio Nieland, cuyo currículum incluye trabajos con Debbie Harry y Blondie, presenta su propia obra: «Win», una mini-epopeya postpunk que da un giro espectacular. En colaboración con el rapero y activista spiritchild, la canción explora la paradójica potencia de la rendición y se sumerge en la futilidad de la censura, inspirada por la polémica novela «All Boys Aren’t Blue». Es un track que combina la urgencia del punk con la profundidad de un manifiesto, desafiando al oyente a reconsiderar conceptos de victoria y resistencia.
Ambos lanzamientos, aunque distintos en sonido, comparten una búsqueda incansable por trascender lo superficial. Kilguss, una ex actriz que compartió escenario con Daniel Day-Lewis, encuentra en la música un vehículo para la introspección más cruda. Nieland, desde su estudio en Brooklyn, continúa desdibujando los límites del género. Juntos, pero por separado, demuestran que la mejor música nace de la autenticidad, de transformar el dolor, el absurdo y la lucha personal en algo que, contra todo pronóstico, se parece mucho a la belleza
