El actor Arturo Ríos celebra cincuenta años de carrera no con un discurso, sino con un regreso al territorio existencial que mejor conoce: el escenario. La obra elegida para este homenaje es El Final de Samuel Beckett, un texto que funciona como un espejo despiadado de la condición humana. Bajo la dirección de Ana Graham, Ríos encarna a un anciano expulsado de su último refugio, condenado a deambular por las calles de Dublín bajo la mirada hostil de una sociedad indiferente. La puesta en escena, que se presentará del 3 de octubre al 9 de noviembre en el Teatro El Granero, promete ser más que una función; será un acto de introspección compartida.
Para Ríos, el teatro no fue una elección profesional, sino un descubrimiento vital que rescató a un joven de 17 años destinado a una jubilación gris. Él mismo lo dice: el teatro le dio todo, desde el alimento hasta la familia, pero sobre todo le permitió descubrirse como posibilidad y trascendencia. Elegir El Final para esta celebración tiene la resonancia de un círculo que se cierra, pues fue la primera obra que dirigió Ana Graham, su amiga y cómplice por más de veinticinco años en Por Piedad Teatro. Este montaje es el resultado de una co-creación donde el respeto y la amistad dialogan con la pasión por el oficio.
La obra examina sin concesiones la soledad, la vejez y la muerte, temas que Ríos aborda con una sabiduría actitudinal forjada en nueve décenas de obras. Su interpretación no busca conmover de manera fácil, sino transmitir la complejidad de una lucha por mantener la dignidad en el borde del abismo. Este homenaje, que incluye una retrospectiva fotográfica y conversatorios, no mira hacia atrás con nostalgia, sino que afirma la vigencia de un artista para quien el escenario sigue siendo la única casa verdadera.
