Frente al intento sistemático de borrar una existencia, el cine se erige como un acto de resistencia. Los Encuentros de Cine por Palestina en México, que se celebrarán del 25 al 30 de noviembre en la Cineteca Nacional y la Casa de los Pueblos Samir Flores, no son un ciclo más; son un gesto de solidaridad filmada, un puente de imágenes y sonidos que desafían el silencio.
En un mundo que normaliza el olvido, estas proyecciones sostienen la memoria como un deber ético y estético. El cine palestino, hecho entre escombros y esperanza, no busca solo documentar, sino dignificar. Cada plano, cada diálogo, es un testimonio de que la vida persiste incluso cuando todo a su alrededor conspira para extinguirla.
Esta iniciativa, organizada por trabajadores del cine mexicanos, no ofrece soluciones fáciles, sino algo más valioso: la compañía de una mirada que se niega a apartarse. No es un grito, sino una presencia. Una forma de decir, en la penumbra de la sala, que nadie está solo mientras alguien más esté dispuesto a ver
