El Auditorio Nacional se llenó por completo para recibir a Matisse en una noche que desde el primer momento se sintió especial. El trío pop logró un sold out que confirmó el gran momento que atraviesan y también la cercanía que han construido con su público a lo largo de más de una década.
Las luces se apagaron y la emoción se desbordó cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de Imposible amor. Desde ahí quedó claro que sería una noche intensa. Sin pausa continuaron con Vete vete, dos temas que marcaron un inicio potente y que hicieron que los fans se levantaran de sus asientos para cantar a todo pulmón. La energía en el recinto era contagiosa y cada coro parecía multiplicarse en miles de voces.
Melissa Robles fue una de las figuras más ovacionadas de la noche. Su atuendo lleno de brillos atrapaba las miradas mientras su voz, firme y llena de matices, dominaba el escenario. Entre risas, comentarios cercanos con el público y momentos de complicidad con sus compañeros, la cantante encendió el Auditorio Nacional con una presencia escénica que conectaba de inmediato con la audiencia.
El concierto avanzó entre varios de los temas que han marcado la trayectoria del grupo, pero uno de los momentos más especiales llegó a mitad del show. Para celebrar que este año cumplen once años desde que comenzaron su carrera, prepararon un medley íntimo al piano. En ese segmento interpretaron canciones elegidas prácticamente por el público, lo que volvió el ambiente más cercano y emotivo. Sonaron éxitos como Hipotéticamente, Conmigo sin ti y Eres tú, cantados en un formato más sencillo que permitió escuchar al público con claridad acompañando cada verso.

La emoción alcanzó uno de sus puntos más altos cuando Pablo Preciado hizo una pausa para invitar al escenario a su hija Carenita. La pequeña, que vive con autismo, se sentó frente al piano mientras su papá la acompañaba para interpretar Mantra. Fue un instante profundamente emotivo. Pablo no pudo evitar que se le quebrara la voz y por momentos se le vio con los ojos llenos de lágrimas al observar a su hija tocando en un escenario tan importante. El auditorio guardó silencio primero y luego respondió con una ovación larga y cálida.

Cuando parecía que la noche ya había entregado todo, llegó otra sorpresa. Casi hacia el final del concierto aparecieron como invitados especiales Los Tucanes de Tijuana. La reacción del público fue inmediata. El recinto se transformó en una auténtica fiesta cuando comenzaron a cantar Ando bien a gusto y más tarde La Chona, un clásico que prácticamente todo México reconoce desde las primeras notas. Ver a Matisse compartiendo escenario con la agrupación norteña fue uno de esos cruces inesperados que el público disfruta especialmente.
Para el cierre, el grupo mostró otra faceta con un cover de Mis ojos lloran por ti en una versión con sabor a salsa adaptada a su estilo. El experimento funcionó y el público respondió bailando y cantando. Ya en el tramo final llegaron Acuérdate de mí, Maldito corazón y Más que amigos, tres canciones que terminaron por desatar la euforia colectiva.
La despedida fue tan ruidosa como emotiva. Miles de personas gritaron cuánto aman a los integrantes mientras el trío se tomaba un momento para agradecer la fidelidad de sus seguidores. Entre aplausos, luces y un coro gigantesco que parecía no terminar nunca, Matisse cerró un concierto que quedará marcado como una celebración auténtica de su historia y del vínculo que han construido con su público.
El impacto del concierto fue tal que, tras el lleno total del pasado 6 de marzo, se anunció una nueva fecha en el mismo recinto. La banda volverá al Auditorio Nacional el próximo 6 de junio, una oportunidad más para quienes se quedaron con ganas de vivir una noche que confirmó por qué Matisse se mantiene como uno de los proyectos pop más queridos por el público mexicano.
