Lorenzo Hagerman y Julieta Venegas se unen para entregar un documental centrado en los flamingos y el ciclo de la vida y la muerte de estas aves.
Hasta hace unos años, corría el rumor en internet que el número de flamingos artificiales era superior al número de los reales en el planeta. Este dato, más allá de generar debate sobre la preservación de la especie, ha demostrado lo mucho que se puede llegar a desconocer sobre las aves rosadas más populares del planeta. Es por esto que el documental «Flamingos: La vida después del meteorito», dirigido por Lorenzo Hagerman y narrado por la cantante Julieta Venegas, muestra una oportunidad única para no solo conocer a tan distinguido animal, sino para contemplarlo en su hábitat natural.
Desde su premisa, un documental centrado en los flamingos no parece la idea perfecta para atraer al público a una sala de cine, es por ello que Hagerman busca presentar a esta ave no solo como un animal que vive en Yucatán, sino que lo retrata como una musa salvaje, enalteciendo su belleza y sus costumbres desde una mirada íntima y artística.
La cámara como testigo.
Al ser un documental, la intervención de terceros en lo que se documenta queda estrictamente prohibida, sobre todo en un ambiente natural. Debido a esto, la mayoría de las tomas funcionan como un espectador silencioso que, con ayuda del montaje, transmite varios momentos de tensión y apreciación bien armados, mostrando la crueldad de la vida salvaje al inicio del largometraje, mientras que al final se muestra la belleza y la batalla al nacer.
Como premisa, este uso de la cámara y el montaje suena como una combinación que entrega un documental sin momentos bajos, pero estos momentos solo se encuentran en dos partes de toda la película: al inicio y al final. El entremedio está permeado por momentos donde predomina la monotonía y la explotación de recursos narrativos.
La música y voz de Julieta Venegas.
El foco central del documental, a pesar del nombre, no son los flamingos, sino la participación de Julieta Venegas como narradora de esta experiencia. Aquí se encuentra otra de las deficiencias del documental, donde se percibe una falta de dirección por parte de Lorenzo Hagerman, dando como resultado una narración monótona, con palabras barridas y sin intención, siendo, por desgracia, el engranaje más débil de la maquinaria.
A pesar de este bache, la presencia de Venegas no se limita a la narración, sino que también se hace presente con una canción, la cual sirve para crear uno de los momentos mejor trabajados en la película, donde la emoción y la belleza se presentan a flor de piel.
Una experiencia a recordar.
El trabajo de Lorenzo no es uno que deba pasar desapercibido. Aun con las carencias que pueda tener el documental, «Flamingos» nos muestra una perspectiva interesante sobre este animal desconocido y a la vez reconocible para millones de personas. Al momento de verlo, es imposible no recordar el documental «Koyaanisqatsi», donde el montaje, la cámara y la música hacen sinergia para entregar una producción inolvidable.
Producciones como esta no abundan dentro del cine mexicano, es por eso que resulta importante apoyar este tipo de propuestas, donde se ofrece una nueva perspectiva de aquello que siempre hemos visto, pero nunca conocido.
