El pasado 20 de septiembre, el Velódromo Olímpico de la CDMX se convirtió en un auténtico barrio sonoro cuando La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio celebraron los 35 años de su álbum El Circo. Un concierto dividido en dos actos que mantuvo a miles de fanáticos bailando, gritando y coreando cada canción, recordando por qué esta banda es un pilar de la cultura musical mexicana.
Con más de 40 años de carrera, La Maldita sigue siendo una de las bandas más emblemáticas de México. Desde 1985 han sabido mezclar ska, rock, punk, reggae y elementos de la música tradicional mexicana, llevando el “rock mestizo” a todos los rincones del país y del mundo. Sus letras siguen siendo un espejo de la vida cotidiana en la CDMX: llenas de crítica social, humor, fiesta y orgullo de identidad.
La noche arrancó con dos calaveras que, como maestros de ceremonia, invitaron a todos a entrar a la fiesta. Entonces sonó “Bailando”, y el público se encendió al instante: ese ska veloz que abre muchos de sus shows puso a todos de pie y convirtió el Velódromo en una gran pista de baile.
El viaje continuó con “5to Patio Ska”, uno de los temas más representativos de su primer disco. Cada estrofa era coreada a gritos por el público, que no paraba de brincar. “Ya lo pasado pasado”, la versión ska de la famosa canción de José José, la gente cantó con una mezcla de nostalgia y alegría. Esta pieza es un homenaje que demuestra el ingenio de la Maldita para convertir un clásico romántico en una fiesta colectiva. “El Chulo” , “Supermercado” y “Mujer” fueron un momento lleno de nostagliga pues asi no las escuchamos en vivo y ahora las coreamos con el alama.
El ritmo volvió a subir con “Tatuaje”, tema que muestra la versatilidad de la banda al fusionar bolero con ska, y “Con Solo Tocarte” el Velódromo se sintiócomo si todos estuvieran en una serenata colectiva.
“Sirena”,y “Música Guerrera” fue una llamada a la acción en estos tiempo que esta viviendo el mundo gritando PAZ Y BAILE y con esta canción que habla de la música como un acto de lucha que fue recibida con puños en alto.
La primera parte cerró con “Don Palabras” y “El Tieso y la Negra Soledad”, un final potente que dejó a la gente gritando y pidiendo más.
Tras una breve pausa, la banda regresó para el gran clímax: tocar El Circo de principio a fin.
“Solín”, fue la encargad de abrir esta esta celebracion de 35 años haciendo que todo el público coreara la historia de ese personaje icónico. Con “Toño” el slam se encendió y la pista se convirtió en un torbellino de gente bailando ska.“Pata de Perro” y “Crudelia” se sintió la vibra más punk, con guitarras filosas y una fusion de extremo a estremo en vivo.
Con “Mare” rocknos regala unas palabras al estilo yucateco claro sin dejar de lado la causa que la Maldita nunca ha dejado la conciencia social.
“Un Gran Circo” hizo que todo el Velódromo se transformara en la metáfora del álbum: una mezcla de personajes, risas y reflexiones que conectaron a todos con la vida en la CDMX. El público rugió con “Poco de Sangre”, coreando cada palabra de esta oda a la resistencia y la justicia, de aqui solo quedaba puro exito que ha vivido año tras año contando historias en nuestras almas rockeras.
Entonces llegó “Pachuco”, el himno absoluto de la banda. Miles de voces al unísono gritaron “¡órale!” rindiendo tributo a Tin Tan y a la cultura pachuca, en un momento que hizo vibrar hasta el suelo del recinto, haciendo lucir todos eos trajes de pachuco que se citaron esta noche.
El velodromo se ilumina de rojo y solo tu sabes que significa, “Kumbala”, llenó de sensualidad y misticismo la noche. Las luces rojas iluminaron el escenario recreando el ambiente de un bar nocturno, esta vez en una fusion con “Baile” se convirtió en un auténtico carnaval.
La despedida llegó con “Querida”, el homenaje a Juan Gabriel que ya es tradición en sus shows. El público cantó tan fuerte que parecía un coro de miles, uniendo generaciones en un final inolvidable.
La Maldita Vecindad no solo celebró un disco, sino toda una vida de música que sigue inspirando, uniendo y haciendo bailar a México después de casi cinco décadas.
