Con un concierto inigualable, Javier Corcobado, músico, poeta y novelista ibérico, festejó sus 40 años de trayectoria desde el Teatro Metropólitan tocando sus más grandes éxitos y algunos temas de su nuevo disco, Solitud y Soledad.
Esta gran celebración dio inicio con «Carta al cielo«, y tras cantar la primer canción, Javier bromeó con que no fue muy educado entrar y no saludar, nos dio la bienvenida y arrancó con «La libertad» y un repertorio de 26 canciones se abrió camino para conmemorar la noche con la poesía y catarsis que representa al único Javier Corcobado.
Cuarenta años de música convertidos en un ritual íntimo entre Corcobado y su público
El recorrido musical fue amplio y emocionalmente exigente. Hubo momentos de crudeza total, donde su voz se volvía casi un grito, y otros donde bajaba la intensidad para dejar espacio a lo melódico. Un bolero clásico apareció como pausa inesperada y terminó siendo uno de los instantes más celebrados, como si de pronto todo el lugar respirara al mismo tiempo antes de volver a sumergirse en su universo.
En medio del concierto, el escenario se transformó en algo más íntimo con la presencia de una familia y una bebé, Luna Quetzali, que fue “bautizada” de forma poética por el propio Corcobado. Lejos de sentirse fuera de lugar, ese momento encajó con la lógica de la noche, donde lo personal y lo artístico se mezclaban sin fronteras.
Hacia la recta final, el concierto se volvió más físico. El ritmo subió, el público se soltó por completo y hasta hubo quienes terminaron compartiendo el escenario, rompiendo cualquier idea de separación entre artista y audiencia. No era raro ver a gente cantando con los ojos cerrados o simplemente dejándose llevar por lo que estaba pasando.
