Alex comparte que, aunque lleva tiempo haciendo música antes con una banda fue durante la pandemia que decidió embarcarse en su proyecto individual, impulsado por el aislamiento y la necesidad de expresión personal.
La portada del disco representa una habitación noventera, creada junto a un amigo mexicano, con elementos como un televisor antiguo, un Nintendo 64 y texturas retro, evocando una estética soñadora y melancólica. Alex conecta esta imagen con recuerdos de su infancia en Venezuela, marcada por caricaturas, videojuegos como Zelda: Ocarina of Time y una vida analógica libre y optimista, en contraste con la era digital actual.
En cuanto a las influencias musicales, el disco está impregnado de sonidos y referencias a los años 80, 90 y 2000. Desde el pop de Britney Spears y Backstreet Boys, hasta bandas como The Cure, Soda Stereo y The Police, pasando por la estética sonora del Y2K, con mezcla de rock y hip hop. Esta diversidad temporal refuerza el concepto del álbum: una cápsula emocional de distintas épocas.
