No todo el mundo ha podido consumir cannabis con Paul McCartney… pero este artista le pudo ver hasta las costras de las orejas
El cantante de The Flaming Lipis, Wayne Coyne, ha recordado la primera vez que estuvo junto a Sir Paul McCartney, destacando, además de que se fumó un porro con él, que el legendario Beatle tiene “las orejas costrosas”.
Cierto es que si Coyne se quedó mirándole las orejas al icono seguramente fue por que iba afectado por ese “porrazo”, como lo describe el cantante. Aún con todo, la anécdota tiene mucha miga.
Ambos se conocieron en algún momento de 1993 durante la celebración de un festival en el que los dos artistas acabaron en el lateral del escenario viendo tocar a Neil Young.
En una entrevista con The Guardian , Coyne recuerda lo siguiente: «La primera vez que conocimos a Paul McCartney – no estaba allí para conocernos, estaba en uno de esos festivales, y él entró por el backstage”.
Orejas costrosas y “un porrazo”
«Nadie sabía que estaba allí. Llegó con su mujer, Linda, y yo le seguí hasta el escenario. Pensó que yo formaba parte de su séquito; al parecer, porque no le importó que estuviera allí”, relata el vocalista.
«Pero yo estaba justo detrás de él mientras veía tocar a Neil Young. Había visto tocar a Neil Young, pero estaba allí más que nada para ver a Paul McCartney. Fue hace mucho tiempo – 1993 o algo así – pero me acuerdo: tenía la oreja muy costrosa”.
«Quiero decir, estás viendo a Paul McCartney como un ser humano, ¿sabes? No puedes hacer eso muy a menudo. Y recuerdo que le miré la oreja y… mira, a veces, cuando viajas mucho, se te forman costras en las orejas”.
«Yo no fumo hierba, y él tenía un porrazo, y me lo pasó como si yo formara parte de su séquito, y le di una gran calada, cosa que no debería haber hecho, pero pensé: ‘Bueno, ¿cuántas veces puedes fumarte un porro con Paul McCartney?’ Fue increíble«.
Fuego y desastre
Si una de las mejores imágenes de la pirotecnia sobre el escenario es la del bueno de McCartney tocando, por ejemplo, “Live and Let Die”, los Flaming Lips tampoco se quedan cortos, aunque la primera vez que utilizaron ese recurso la cosa casi acaba en tragedia.
“No usamos fuego, pero sí fuegos artificiales aquí y allá. Estábamos dando una serie de conciertos en Texas y compramos un montón de fuegos artificiales y, mientras tocábamos, los disparamos literalmente desde el escenario”.
«Disparaban hacia arriba y nos golpeaban, golpeaban al público, golpeaban el techo, golpeaban en todas partes. Era una puta locura: podías sacarle un ojo a alguien, podías sacarte un ojo a ti mismo, podías incendiar el lugar, todos podíamos haber muerto”.
«Por suerte, nada de eso ocurrió y entramos en razón, y en realidad sólo lo hicimos un par de veces. Nos salimos con la nuestra. Y no volveremos a hacerlo. Al menos a propósito»
