Es muy común que las celebridades sean presentadas al público como leyendas o personas más allá de nuestro alcance. Y pocos han sido capaces de en verdad serlo, ese es el caso de Elvis Presley, una de las figuras más importantes de la música y de la cultura Estado Unidense.
No fue hace mucho que el director Baz Luhrmann (Moulin Rouge, Romeo + Juliet, The Great Gatsby) presentó al público su versión del legendario artista con «Elvis» (2022), ganandose 9 nominaciones en Los Premios de La Academia. Tras el exito de su largometraje, Luhrmann extendió su fascinación por Presley al dirigir el documental «EPIC: Elvis Presley In Concert», una producción que sirve como secuela espiritual del la película del 2022, y que muestra el proceso y resultado de los cientos de conciertos que Elvis dio a lo largo de su carrera.
El documental empieza con una secuencia enfocada en enaltecer la figura de Elvis Presley, mostrando las dos cara de la moneda; el lado donde es un ídolo de masas, y el lado que lo tacha como peligro para la sociedad, desembocando en su servicio militar durante la guerra de Vietnam. El resto del metraje se enfoca en los ensayos y presentaciones de Elvis en la ciudad de Las Vegas.
El montaje al servicio de la narrativa.
Desde el primer segundo hasta los créditos, Baz Luhrmann demuestra su estilo de dirección ya visto en «Elvis», al inspirarse con el mismo estilo de montaje y juego de cámaras con el material que tenia a su disposición, el director crea un relato no lineal, donde no da fechas especificas para crear una lineal del tiempo coherente. Gran parte del largometraje salta entre diferentes presentaciones y ensayos, estos últimos mostrando una cara no tan conocida para gran parte del público casual, mostrando momentos de juego y reflexión con la banda que lo acompaña.
El montaje cobra mucha fuerza durante el filme, sirviendo como comparativa de un Elvis en los ensayos, adoptando una figura más reflexiva y amistosa. Por el otro lado tenemos al Elvis durante los concierto, mostrando su lado coqueto al interactuar de manera intima con las mujeres de su público. Una ultima cara que se muestra es frente a las entrevistas, donde resalta su pasión por su trabajo.
Elvis siendo Elvis.
En medio del documental, Baz baja el frenetismo de su obra para mostrar los deseos y miedos más íntimos de Presley, al usar audios donde expresa el cariño que tiene por su familia y el deseo de formar la suya, mientras que vemos los mejores momentos que paso al lado de Priscilla Presley y su hija. A pesar de ser uno de los momentos más interesantes del documental, es de lo que menos se ve, impidiendo profundizar aun más en esta faceta.
Al ser los conciertos y los ensayos el eje central de la experiencia, Luhrmann se encarga retratar cada momento de Elvis en el escenario como un evento sin igual, mostrando su esfuerzo físico y mental con cada canción e interacción. Esta idea se ve sostenida gracias a un trabajo de audio meticuloso, en donde no solo la voz se ve potenciada, la banda que lo acompaña y los coros se encuentran presentes.
El trabajo de Baz Luhrmann en Elvis se ha vuelto único en el cine, gracias a la compatibilidad entre la extravagancia del director y de Presley. Muestra de ello es este documental, que se separa de una narrativa tradicional para ofrecer una experiencia guiada hacia lo sensorial. El mensaje con el que Luhrmann concluye su proyecto de pasión queda claro; detrás de las luces y los éxitos, hay un hombre con deseos y pasiones.
