Mañana, cuando la ciudad se vista de luces y promesas antiguas, otro rito tomará forma en Azcapotzalco. La Red Micelio y la Merkadita Periférica convocan su séptima edición, una misa laica donde los fieles llevan estampas, discos y versos. Bajo el marco irónico de una celebración guadalupana, este encuentro no venera reliquias del pasado; consagra el presente urgente de una creación que nace en los márgenes. La cita es en el Faro Azcapotzalco Xochicalli, a la salida del metro Rosario, desde las once de la mañana. La entrada no tiene costo.
El cartel no anuncia actos, sino congregaciones. Jessy Bulbo, Los Cogéjones, Kino Lua y las demás bandas no subirán a un escenario, sino a un púlpito desde el que predicarán con distorsión y cumbia. Su sonido será la columna vertebral del día, pero no la única. Una pasarela de moda revelará los cuerpos que visten las ideas nuevas; un micrófono abierto capturará los poemas que germinan en el subsuelo de la ciudad. Este evento no separa las artes; las enreda a todas en la misma red, demostrando que el grito, el verso y la tela estampada brotan de la misma raíz subterránea.
El Faro Azcapotzalco no será un simple contenedor. Será el cuerpo que aloje este levantamiento temporal. En sus pasillos, el tianguis gráfico desplegará su anatomía de mesas y tendederos, una geografía viva de resistencia económica. Asistir no significa solo ir a ver. Significa participar en un trueque mayor: llevar el asombro y llevarse la certeza de que la cultura no la fabrican las instituciones, sino estos hongos persistentes que surgen después de la lluvia, en cualquier grieta fértil. Mañana, viernes doce de diciembre, la verdadera ofrenda no estará en el altar, sino aquí, en este cruce de miradas, sonidos y manos que fabrican lo que viene.
