Nicki Folk presentó su primer álbum titulado Canto para no llorar, una obra íntima compuesta por nueve canciones y dos audios adicionales, creada bajo la frecuencia de 432 Hz con la intención de sanar y conectar emocionalmente. El disco fue producido junto al equipo de Naranja Agria, con quienes encontró una conexión creativa profunda desde el inicio. La portada del álbum, tomada en Xochimilco, refleja su esencia: naturaleza, libertad y medicina emocional.
Nicki compartió que el proceso de composición fue una especie de autoterapia, donde cada canción le permitió conocerse más a sí misma. También destacó la importancia de colaborar con productores que comprendan y respeten la visión del artista. Las canciones del disco, como Cascada y Volando sola, han resonado fuertemente con su audiencia, provocando respuestas emotivas e incluso inspirando a otras artistas.
La cantante reflexionó sobre el papel del músico como vocero de emociones colectivas y la dificultad actual de mantener el factor sorpresa en la industria musical. Aun así, procura manejar con reserva sus lanzamientos para conservar el misterio.
