En 1994 nadie imaginaba el monstruo musical en el que se convertiría años más tarde esta banda de jóvenes ingleses, apenas formada cinco años antes en la Universidad de Oxford, cuyo primer sencillo, “Creep”, parecía una de esas rolas contaminadas por el virus del one hit wonder y vampirizada por MTV.
El grupo que a la postre compuso ‘OK Computer‘, considerado por muchos el mejor disco de la década de los noventa, se presentó en el Teatro San Francisco de la capital del estado de Hidalgo, el 30 de octubre de 1994. La entrada costó 60 nuevos pesos –tal era la moneda– y aunque se registró una entrada aceptable, el lugar no alcanzó a llenarse.
En ese entonces, Juan Carlos Hidalgo, integró el equipo que hizo posible que la banda británica pisara La Bella Airosa. Lo endeble del circuito de conciertos local y la falta de tradición rockera de la ciudad, contribuyeron a que dicha presentación se inserte en el terreno de las leyendas urbanas, pero existen testimonios y documentos que sustentan aquel excelente concierto, según lo dicho por el propio grupo, debido a las condiciones acústicas del recinto teatral.
Tan limitado era el repertorio de Radiohead en ese entonces, que para congraciarse con el público pachuqueño, tuvieron que interpretar todas las canciones de su primera producción Pablo Honey, e incluso tocar dos veces “Creep”, ya que de lo contrario, su presentación no habría superado siquiera los sesenta minutos. Por cierto, en aquel momento la banda recién había lanzado el EP ‘My Iron Lung‘, que se sumaba a ‘Drill’, otro extended en el cual se incluía el histórico sencillo, disco de oro en Estados Unidos y que se convertiría en la llave que les abriría la puerta a una primera gira internacional.

Por lo insólito que resultaría hoy la realización de un concierto de Radiohead en Pachuca, mucha gente especula acerca de la veracidad del acontecimiento. Al respecto, Juan Carlos Hidalgo recuerda que aquella presentación se convirtió en un reto mayúsculo, pues Pachuca era una ciudad que no contaba con un circuito permanente de conciertos y por ello fue difícil cumplir los requerimientos de un grupo como Radiohead. Para su organización, se conformó un grupo de trabajo en cuyo núcleo estuvieron Juan Carlos Hidalgo, Mauricio Corona y el diseñador y artista plástico Enrique Garnica. Además de otros muchos entusiastas locales, más el apoyo de Ricardo Serafín, promotor de eventos a través del consorcio La Iguana Internacional.
Aunque no se vislumbraba que fuese a convertirse en una banda de dimensión histórica que es hoy en día, se sabía de sobra la calidad del rock británico. A los organizadores les interesaba ofrecer cosas importantes. Ya en una anterior ocasión habían incluido una banda de Suiza en uno de los carteles, por lo que decidieron que era buena opción llevar a Radiohead a Pachuca. De esta forma, se eligió el Teatro San Francisco, que tiene una capacidad para alrededor de 900 espectadores, y que tenía poco tiempo de ser reinaugurado, tras una remodelación a fondo. “Vendimos entre 750 y 800 de las 900 localidades; desafortunadamente dimos muchas cortesías, lo que mermó el ingreso (cosas de la inexperiencia). Un concierto de tales dimensiones implicó que pese a que el teatro contaba con iluminación, el grupo trajo equipo completo, que también hubo que arrendar, además de otros requerimientos específicos”, explica Enrique Garnica.


Para cerrar la noche se organizó un after party para el que se consideró que: “un par de miembros del crew eran vegetarianos, por lo que no debían faltar ensaladas. En cuanto a la bebida no eran muy exigentes; nada fuera de lo normal. Aunque predominó la cerveza Bohemia. Algunos de los músicos también comieron pozole”, precisa Hidalgo.
Otra de las personas que acudieron, Carlos Cadena, promotor, rememora: “recuerdo que, incluso, al terminar el concierto, nos llevamos a Thom Yorke a comer unos tacos a la avenida Constitución, buen tipo, la verdad éramos como unos 10 allí en la calle comiendo”, dice entre risas, pues ahora no puede imaginarse la misma escena, “es casi imposible, surrealista”.
Juan Carlos complementa: “Para mucha gente fue el mejor concierto de su vida. La presencia y magnetismo del grupo, además de un sonido excelente fue una experiencia reconfortante y plena en sí misma. Lo demás ya fue asunto financiero, pero seguimos armando cosas después de esa fecha, como la visita de Danza Invisible de España”.

Así lo confirman quienes con un poco de nostalgia, cuelgan sus recuerdos en la red y consignan lo siguiente: “Por medio de mi ex-novio pude estar en los ensayos del toquín de Pachuca y la verdad, no se me hacía la gran cosa los “cabezas de radio”, aunque sí les puedo decir que eran bastante alivianados y hasta mi CD del Pablo Honey me autografiaron. Sin embargo, su show estuvo bastante decente y por supuesto, con esa energía muy particular de los grupos nuevos que aún no han perdido la cabeza con el ‘éxito’ ”.
Entre las cosas que se dicen de esa gira de Radiohead en México, es que los subieron a una camioneta que se quedó sin frenos, cosa que refuta Hidalgo y explica: “Lo único que puedo decir, por haberlo vivido directamente, es un gran agotamiento de parte de uno de los músicos debido al trajín de la gira y un poco a los excesos. Tuvimos que hacer una breve parada al médico en Ojo de Agua para una revisión preventiva. De allí, directos al hotel en Pachuca. al día siguiente se fueron a conocer Teotihuacan y luego al show. Ninguno de nuestros vehículos sufrió desperfecto alguno”.
A manera de conclusión añade: “Como periodista he seguido puntualmente la carrera de Radiohead. La verdad es que disfruto mucho su música, pero sí creo que en torno a ellos se ha desarrollado un fanatismo muchas veces irracional de parte de jóvenes que se comportan como ultras y que creen que cada gesto de Thom Yorke es genial y que prácticamente habría que canonizarlo. Lo que es innegable es la lucidez con que se han comportado, sus hábiles estrategias de posicionamiento y promoción. Amén de haber creado una de las estéticas sonoras más importantes del siglo XX y lo que llevamos del XXI”.
