Un 9 de marzo de 2018 llegaba a nuestros oídos el décimo octavo álbum de estudio de Judas Priest, llamado Firepower.
Viendo desde la portada, la primera vez que la miré me recordó mucho a un Screaming For Vengeance, con una especie de ave metalizada surcando entre llamas de fuego. El primer sencillo que se liberó fue Lightning Strike, un tema sincero, veloz y poderoso, que le continuaron Firepower con un riff que a más de uno le voló la cabeza y la voz de Rob Halford impecable como no se escuchaba desde hace algunos años.
El álbum fue producido nuevamente por Tom Allom (quien no producía un álbum de Judas Priest desde Ram It Down con la ayuda del propio Andy Sneap. Un trabajo que consta de más de 10 temas podría parecer tedioso o predecible, pero Firepower juega con las composiciones y los riffs a los cuales ya nos tiene acostumbrados.
El tema de Never The Heroes tiene un aire futurista nostálgico cuyo estribillo me suena muy al estilo de Worth Fighting For, No Surrender que meses después se convirtió en un himno de lucha para Glenn Tipton (quien antes de iniciar la gira promocional anunció su retiro debido al Parkinson que padece) tiene ese aire ochentero clásico de los trabajos más icónicos de la banda.
Sin embargo también contamos con temas lentos pero que no pierden esa pesadez que escuchamos al principio del álbum como Necromancer o Children Of The Sun. Aquí un punto de debate, y es que desde la primera vez que escuché el disco, mi opinión fue que Glenn Tipton no grabó el disco, las guitarras que escuchamos son enteramente de Richie Faulkner, y tal vez algunas de Andy Sneap (quien pasó de ser productor de la banda a guitarrista en la gira de promoción y a la fecha), pero no hay duda de que Tipton ya no participó en la grabación.

Aún y con esa baja, Firepower es un discazo, discazo que a más de uno le pareció el mejor desde Painkiller e incluso algunas reseñas lo colocaban como el mejor trabajo de Judas Priest. Un álbum que es mejor, mucho mejor y por mucho que su antecesor, Redeemer Of Souls, la producción impecable y lo más sobresaliente, la voz de Rob Halford que sonaba como si la edad no estuviera pasando por él.
