Tras haber debutado con Roxan, un EP nacido de una relación fallida y de la catarsis de escribir sobre desamor y empoderamiento, Sofía Thompson se encuentra en una nueva etapa creativa. “Sentía que ya no estaba siendo fiel a mi esencia, quería cantar de otras cosas”, confesó en entrevista.
Ese impulso la llevó a comenzar, hace dos años, la composición de un disco que describe como un viaje etéreo y experimental. Las canciones abordan temas poco explorados en su obra anterior: desde la dismorfia corporal y las adicciones, hasta la sensación de pertenecer al universo. “Este disco sanó, me abrió puertas y me conectó con otras partes de mi discurso interno”, asegura.
Aunque aún no hay fecha exacta, Thompson adelanta que el álbum verá la luz el próximo año. Mientras tanto, ya circulan sencillos que marcan la dirección sonora: un pop con tintes electrónicos y dance, sin abandonar guitarras y pianos, pero con una fuerte inclinación hacia lo bailable. “Quiero que la gente se mueva, aunque la letra pueda ser oscura. Que bailes llorando por dentro, pero sonrías por fuera”, explica.
Sofía recuerda que su primer acercamiento profesional a la música fue a los 12 años, cuando grabó un demo de covers que vendía en su escuela para ahorrar para un viaje a Disney. Más tarde, experiencias como un verano en Berklee College of Music y estudios en la Sociedad de Autores de México le dieron las herramientas para lanzarse como cantautora.
