Escrita por: Oscar Sosa
Si ver correr los Fórmula 1 en Mónaco es ya de por sí un ejercicio de surrealismo en condiciones
normales, la aparición de la lluvia convirtió la carrera de ayer en un frenético correcalles, un ejercicio
de supervivencia en el que era más fácil meter la pata y terminar estampado contra el muro que
salir con una sonrisa en la cara como la que lució Max Verstappen, el que nunca falla. La cuarta
victoria del curso para el actual campeón volvió a dejar claro que Red Bull no solo dispone del mejor
monoplaza de la parrilla, sino que lee las vicisitudes como nadie. A pesar de circular por un pasillo
rodeado por muros resbaladizo como el cristal mojado, el holandés tiró de magia y de manos para
controlar un búfalo más bravo que nunca a base de volantazos, culetazo aquí y culetazo allí, hasta
cruzar la meta con más de 27 segundos de ventaja sobre Fernando Alonso, segundo en la parrilla de
salida, que acabó también segundo en carrera. Sumó su quinto podio de seis posibles y se acerca
peligrosamente a la segunda posición de la tabla general, esa que provisionalmente lleva la firma
de Checo Pérez. Aunque por solo 12 puntos. El español salvó la papeleta de la mejor manera posible
si tenemos en cuenta que Aston Martin se metió en un charco. Los estrategas de la escudería de
Silverstone (Gran Bretaña) se pasaron de optimistas cuando el agua comenzó a caer (vuelta 52) y le
llamaron al taller (vuelta 54) para colocarle un juego nuevo de gomas de seco, justo antes de que el
cielo se rompiera en mil pedazos y le obligara a volver a parar. Una maniobra arriesgada
consensuada por la radio entre el piloto y sus guías. “Las curvas 7 y 8 están para intermedias, pero
el resto del circuito para las de seco. No sé, colega”, le dijo Alonso a Chris Cronin, su ingeniero de
pista. “Vale. Entra y te pondremos un juego de medias”, le respondió el técnico. El margen que el
asturiano se fabricó a su espalda, en parte gracias al tapón generado por Esteban Ocón, minimizó el
desliz hasta el extremo de poder mantener la segunda plaza, su mejor resultado desde el Gran
Premio de Hungría de 2014, cuando defendía los colores de Ferrari. Hace nueve años. “El mejor
resultado posible era el segundo puesto, y terminamos los segundos. Lo intentamos, pero nos faltó
un poco de ritmo y Max fue más rápido que nosotros”, resumió el bicampeón del mundo con
Renault (2005 y 2006), que deberá seguir esperando un poco más para celebrar la 33, esa victoria
que lleva persiguiendo desde 2012 y que ha convertido ya en toda una tendencia en redes sociales,
donde conecta a las mil maravillas con las nuevas generaciones. A pesar del excelso estado de forma
de Verstappen y Red Bull, Alonso recurre a su histórico para lanzar un mensaje sobre la actitud que
mantendrá en lo que queda de Mundial. “Nosotros igual no somos los más rápidos, pero tampoco
lo éramos en 2010 ni en 2012 y llegamos con opciones de título a la última carrera. Max puede
abandonar un par de veces y que la cosa cambie”, advirtió.
