Iggy Pop recordaría “la primera vez que vi a Nirvana fue en el Pyramid Club, en Nueva York. No era conocido por tener bandas en vivo, sino por el travestismo y el baile. Yo tenía un amigo fotógrafo (Michael Lavine), y me dijo: ‘Hay una banda de Seattle que tienes que ver. ¡Van a tocar en el Pyramid!’. Se podía oler el talento de Kurt Cobain. Tenía ese tipo de alguien delicado y pequeño. Estaba saltando y lanzándose en cada tema. Había una especie de troll diabólico sobre su guitarra, pero escuchabas el poder gutural de su voz. Al final de la presentación, se aventó a la batería. Fue una, de tal vez 15 presentaciones, que he visto donde el rock & roll es muy, muy bueno. Después de eso, compré el ‘Bleach’, y lo escuchaba en Europa y Asia cuando estaba de gira. Todavía me gusta mucho ese disco, pero había una canción, ‘About a Girl’, que no es igual al resto del álbum. Sonaba como si alguien le diera Thorazine a The Beatles. Y pensé: ‘Si hacen un disco lleno de eso, van a ser realmente ricos’. Y así fue”
Iggy Pop agregó “conocí a Kurt en un club en Los Ángeles justo antes de que el álbum ‘Nevermind’ saliera. Nos tomamos una foto y me dijo: ‘¡Vamos a enseñarles el dedo!’. Así lo hicimos. Compré el ‘Nevermind’ y pensé: ‘Este disco realmente lo tiene todo’. Nirvana logró dinamismo. Te llevaba hacia abajo, arriba, y cuando oprimen un determinado botón, te llevan más allá. Rockearon sin prisas y arreglaron melodías sin ser insípidas. Fue emocionante sin sonar cursi o débil”.
