Desde Uruguay para México.
El Cuarteto de Nos cruzó una nueva frontera musical con un concierto sold out en el Palacio de los Deportes, confirmando por qué su arte trasciende idiomas, géneros y generaciones.
La banda —formada por Roberto Musso, Álvin Pintos, Gustavo Antuña y Santiago Marrero— llegó con su gira “Puertas”, un tour que toma nombre de su más reciente disco, lanzado en mayo.
Un álbum introspectivo y filosófico en el que Musso reflexiona sobre las decisiones que definen la vida, esas que tomamos frente a cada puerta que se abre o se cierra, literal o metafóricamente.
“Cada puerta representa una elección —nos decía Musso en entrevista desde Uruguay—. A veces tocás una esperando que se abra, y no pasa nada. Otras, entrás y las cosas no salen bien. Pero lo importante es seguir buscando, seguir abriendo nuevas puertas.”
El inicio
Eran las 8:00 p.m. cuando las luces comenzaron a apagarse y una puerta azul gigante se proyectó en las pantallas del escenario. Al abrirse, invitó al público mexicano a adentrarse en el universo de su nuevo disco, Puertas.
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El show arrancó con “Cara de nada”, tema del nuevo álbum, marcando el inicio de un viaje musical que recorrió cada etapa de la banda.
El público no tardó en rendirse ante los clásicos: “El hijo de Hernández” y “Ya no sé qué hacer conmigo”, dos himnos que fueron coreados a todo pulmón por los fans mexicanos que esperaron meses este reencuentro.
Entre canción y canción, el humor uruguayo de Musso brilló como siempre:
“Buscaba una palabra para describir este show… ¿simpático? ¿correcto? No, estamos viviendo un maldito show”,
bromeó antes de lanzar los primeros acordes de “Maldito Show”, mientras el escenario se encendía en luces moradas y el público enloquecía.
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Sátira, reflexión y rock con alma
A lo largo del concierto, Cuarteto de Nos se movió entre la sátira política y la introspección emocional, con letras tan filosas como humanas.
En “El perro de Alcibíades”, Roberto habló sobre las cortinas de humo que siguen cubriendo la verdad en la política moderna:
“Más de dos mil años después seguimos hablando de la cola del perro y no de lo que verdaderamente importa.”
La banda mantuvo una energía impecable con temas como “Ganaron los malos”, “Lo malo de ser bueno”, “En el cuarto de Nico” y “Algo mejor que hacer”.
Hubo momentos de euforia, como en “Mario Neta”, donde fusionaron ritmos de rock y rap con ese toque sarcástico que los caracteriza.
El accidente y la ovación
Pero la noche dio un giro inesperado.
Durante “Maldito Show”, y entre humo, confeti y luces estroboscópicas, Roberto Musso cayó del escenario. eso no impodio que el show parara pues con humor esuchamos “Contrapunto para humano y computadora”.
Despues una larga pausa ,luces apagadas he insertidumbre el público, sin entender del todo lo que pasaba, comenzó a encender las linternas de sus celulares hasta iluminar por completo el Palacio.
Los gritos de “¡Cuarteto! ¡Cuarteto!” retumbaron como un coro de esperanza.
Minutos después, el bajista Santiago Marrero tomó el micrófono para tranquilizar a todos: Musso se encontraba bien, solo con algunos raspones.
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Y fiel a su espíritu resiliente, el líder de la banda regresó al escenario con el brazo vendado y una sonrisa desafiante.
“Esta sensación extrasensorial me dice que algunos piensan que las canciones del Cuarteto las hace ChatGPT… pero estamos diez mil pasos adelantados”,
bromeó antes de tocar “Contrapunto para humano y computadora”, canción que juega con la conversación entre un humano y una máquina.
Un regreso con alma
A partir de ese momento, la noche se volvió aún más emotiva. Musso interpretó “No llorar”, canción que pareció escrita para ese instante: entre lágrimas del público y luces azules, el Palacio se volvió un refugio de empatía y gratitud.
Luego llegaron “Rorschach” y “Me amo”, donde Musso compartió una reflexión poderosa sobre el amor propio:
“Me vi peleándome conmigo mismo y más adelante vi la misma mancha, pero esta vez me vi abrazándome conmigo mismo. Ese fue el verdadero comienzo del autoestima.”
Para cerrar, Cuarteto de Nos liberó toda su energía con “Cinturón gris”, “Gaucho Power”, “Invierno del 92” y “Miguel gritar”.
El público lo recibió entre aplausos, gritos y lágrimas —una ovación que más que aplauso fue un abrazo colectivo, una muestra de amor y respeto a una banda que ha acompañado a varias generaciones con su honestidad brutal y su ingenio poético.
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Cuando sonaron los últimos acordes de “Yendo a la casa de Damián”, el Palacio entero se unió en un mismo canto, como si esas letras fueran parte de su propia historia. Las luces, las voces y la emoción se fundieron en un solo momento que no parecía tener fin.
El público cantó cada palabra, saltó, lloró y aplaudió hasta el último acorde.
El final de una noche para recordar
Cuando las luces se encendieron, miles de personas se quedaron de pie, aplaudiendo sin parar.
Cuarteto de Nos no solo había dado un concierto: había dejado una marca emocional.
Demostraron que, aunque la vida te haga caer del escenario, siempre se puede volver a subir, cantar más fuerte y abrir una nueva puerta.
“Este fue el show más importante del Cuarteto de Nos desde que venimos a México”, había dicho Musso días antes.
Y no se equivocó.
El Palacio de los Deportes fue testigo de un capítulo que quedará grabado en la memoria colectiva de todos los que, esa noche, cruzaron con ellos la puerta de Puertas. Una noche que quedará marcada como una de las más intensas y humanas que se hayan vivido en el Palacio de los Deportes.
