El Festival Feratum regresa con su decimocuarta edición, «Monstruos Marinos», sumergiéndonos en las profundidades donde el cine fantástico revela nuestros miedos más ancestrales. Estas criaturas abisales no son solo entes de ficción, sino metáforas de todo aquello que yace bajo la superficie de la conciencia, lo reprimido que emerge en formas grotescas y fascinantes. El festival, con su cartelera de proyecciones y homenajes, se convierte en un faro que ilumina los territorios olvidados de la imaginación.
En un presente hiperracional, el cine de género cumple una función subversiva: recordarnos que lo monstruoso habita también en lo humano, que somos capaces de crear y destruir con la misma intensidad. Feratum no es un escape de la realidad, sino una inmersión en sus pliegues más oscuros, un viaje a los límites donde la razón naufraga y solo queda la poética del espanto. El director Miguel Ángel Marín teje, año con año, un tapiz de narrativas que cuestionan lo establecido.
Más que una celebración del horror, Feratum es un ejercicio de introspección colectiva. Sus monstruos marinos son espejos deformes de nuestras propias ansiedades, invitaciones a confrontar lo que preferiríamos ignorar. En la penumbra de la sala, entre susurros y gritos contenidos, el espectador se enfrenta no a un enemigo externo, sino a las bestias que lleva dentro, en un ritual catártico tan antiguo como la necesidad de contar historias.
