Desde las entrañas del conurbano bonaerense emerge Magios, un proyecto musical que trasciende la geografía para interrogarnos sobre la identidad en la modernidad. Su álbum debut, «Presente», no es solo una colección de canciones, sino un mapa sonoro de la alienación, un viaje a través de la despersonalización que acecha al individuo contemporáneo. Cada videoclip, cada nota, parece preguntar: ¿qué queda de auténtico cuando el tejido social se deshace entre la rutina y el desencanto?
La banda ahora se adentra en la grabación de su segundo trabajo en la Ciudad de México, bajo la mirada del productor Camilo Froideval. Este nuevo material, con letras de Cuino Scornik, promete explorar los abismos sin renunciar a la melodía, como si en el corazón de la oscuridad aún pudiera bailarse. Es en este contraste donde Magios encuentra su fuerza: la belleza surge no a pesar de la amargura, sino a través de ella.
El relato conceptual del grupo evoca un coming of age sombrío, una fuga hacia la noche capitalina que deviene en espiral de autodestrucción. Pero en su final agridulce, como la vida misma, no hay redención grandilocuente, sino la tenue luz de seguir intentándolo. Magios no canta para los que han llegado, sino para los que perpetúan la marcha, cargando con el peso de la culpa y la memoria.
