La australiana eligió la Ciudad de México para festejar, regalando un recorrido por los éxitos que definieron una generación y recibiendo el abrazo más mexicano posible.
Faltaban solo unos minutos para que el reloj marcara las 22:00 horas cuando la atmósfera en el Salón La Maraka cambió. No era una noche cualquiera de miércoles; se sentía una ocasión especial. Y es que no todos los días una de las figuras más icónicas del pop-rock de los 90 y 2000 elige tu ciudad para celebrar su cumpleaños número 51.
Natalie Imbruglia, la australiana que musicalizó las rupturas y amores de toda una generación con discos como Left of the Middle y White Lilies Island, salió al escenario para hacer lo que más le gusta: celebrar la vida cantando.
Un inicio color rosa pop-rock
La velada comenzó con «What It Feels Like», y de inmediato el recinto se bañó en una vibra de «rosa pop rock». Natalie, radiante y visiblemente emocionada, nos transportó a sus inicios sin escalas. Cuando sonaron los acordes de «Wishing I Was There», la nostalgia golpeó fuerte, pero fue con «One More Addiction» cuando la noche dio su primer gran respiro de euforia. Fue el momento de la conexión total: cientos de manos se alzaron al unísono, coreando como si fueran un solo ser, listos para recibir una noche que apenas comenzaba a escribir su historia.

El setlist fluyó como una línea de tiempo. Reconectamos con la elegancia de «Shiver», nos sorprendimos con una versión renovada de «My Way» y nos dejamos llevar por «Nothing Missing», demostrando que su voz no solo se mantiene intacta, sino que ha ganado matices con los años.
«This is the best time»: Flores y Mañanitas
Llegó el turno de «Build It Better», y con ella, el momento más tierno de la velada. Un ramo de flores llegó hasta sus brazos junto a regalos por los fans. El protocolo del concierto se rompió cuando todo el recinto, a una sola voz, le cantó el Happy Birthday.
«This is the best time» (Este es el mejor momento), dijo Natalie con una sonrisa genuina, agradeciendo el cariño desbordado que México le extendía, antes de continuar con «Leave Me Alone».
La energía se mantuvo arriba con «Maybe It’s Great» y «Smoke», recordándonos que esta es solo la primera de cuatro fechas en nuestro país.
El himno que marcó a una generación
«Vivir es amor», esa parece ser la premisa que Natalie nos transmitió. Tras la explosión de energía de «Wrong Impression», el ambiente se tornó íntimo. Bajaron las luces para un set acústico con «Just Like Old Times» y «Habit», preparando el terreno para el clímax.
Con «Impressed», la australiana sacó su lado más rockero, pero todos sabíamos lo que venía. El acorde de guitarra más reconocible de 1997 sonó y el lugar se vino abajo. «Torn» no es solo una canción; es un himno. Ya sea que la viviste en la radio original o la descubriste años después en series como Glee, cantarla en vivo es una catarsis. Fue el momento de las gargantas afónicas y los corazones llenos.
Un cierre a la mexicana
Nadie se sentó durante el bloque final. Ue depues de una pausa «That Day», «City» y «Big Mistake» mantuvieron el éxtasis al límite. Pero México tenía una sorpresa final guardada bajo la manga.
Justo cuando parecía que la noche terminaba, el sonido de las trompetas llenó el salón. Un grupo de mariachis irrumpió en el escenario para celebrar a la cumpleañera como se debe en estas tierras. La cara de sorpresa y alegría de Natalie Imbruglia fue el broche de oro para una noche donde, por un par de horas, volvimos a tener 20 años, confirmando que hay canciones y artistas que son para siempre.

