Para principios de los años setenta, la diversificación del rock comenzaba a tomar cada vez más forma, con el nacimiento del rock pesado gracias a bandas como Black Sabbath, Deep Purple o Led Zeppelin, otros sub géneros también querían salir a flote.
En el caso de lo que ahora ya conocemos como glam rock, no se tenía una imagen fija en aquellos años, a pesar de que Alice Cooper ya llevaba cierta experiencia en la escena musical, su imagen y puesta en escena iba más hacia el shock rock o lo teatral que bandas como Genesis o David Bowie (con su puesta en escena de Ziggy Stardust) ya también llevaban a cabo.
En 1973 vio la luz el álbum debut de una banda llamada The New York Dolls en cuya portada podíamos apreciar a cinco chicos(? o al menos esa pregunta fue la que se hicieron muchos al ver por primera vez la cubierta de aquel álbum, preguntándose que era lo que estaba posando frente a la cámara, 5 tipos con maquillaje y ropa de mujeres que venían con toda la intención de escandalizar a los más puristas y tocar rock duro creando así su propio estilo.

Gracias a aquella imagen y aquel lema de: «nos vale lo que digas y pienses»; fue que The New York Dolls (sin saberlo) sentaron las bases del punk que a mediados de la década de los 70s ya era popular en Reino Unido y gran parte de los Estados Unidos, y a pesar de que el álbum fue una decepción a nivel comercial o de ventas, tuvo un gran impacto en la crítica musical convirtiéndose en un álbum de culto que influiría en bandas como The Smiths, The Ramones, Twisted Sister, Mötley Crüe, e incluso en los Sex Pistols. Un álbum que a 50 años de su lanzamiento sigue rompiendo con paradigmas y esquemas de lo que puede y no puede ser correcto.
