En una noche definida por el deporte y el espectáculo, Bad Bunny y Lady Gaga robaron el protagonismo durante el show del medio tiempo del Super Bowl LX (que enfrentó a Seattle Seahawks vs. New England Patriots), donde la superestrella puertorriqueña y la Gaga hiceron historia en el Apple Music Halftime Show.
La transmisión oficial se complementó con la contraprogramación del All-American Halftime Show, organizado por Turning Point USA y liderado por Kid Rock. Sin embargo, fue la actuación de Benito la que generó una expectativa global, cumpliendo con un despliegue visual y musical repleto de significados culturales.
Para los fans del mundo de la música que buscan cada detalle, aquí está el análisis completo de su presentación: desde los artistas invitados sorpresa, hasta la lista completa de canciones que definieron un setlist histórico. Una demostración de que, más allá del resultado del partido, la música fue la gran ganadora de la noche.
Síguenos en vivo mientras documentamos este momento histórico donde los talentos latinos escriben su propio capítulo en la leyenda del Super Bowl.
Cuando Bad Bunny caminaba y cantaba durante el show de medio tiempo, en el escenario se mostraba una familia viendo el video del cantante puertorriqueño por la televisión recibiendo su Grammy.
Había un niño a quien Benito le entregó su premio, a lo que fanáticos aseguraban que podría tratarse de Liam Conejo Ramos, de 5 años, y quien fue detenido por ICE en Minnesota junto con su papá Adrian Conejo Arias, quienes permanecieron detenidos por una semana en una detención de ICE en Texas.
En medio de la actuación de Bad Bunny en el intermedio del Super Bowl, llena de referencias culturales, tuvo lugar otro momento histórico para una pareja afortunada. ¿Ese momento de la boda que se celebró ante el mundo entero? Fue real.
Y Bad Bunny, de hecho, actuó como testigo y firmó el certificado de matrimonio.
Según la cadena de noticias KRON4, con sede en San Francisco, cientos de activistas se congregaron en los alrededores del Levi’s Stadium con mensajes de «ICE Out» para protestar contra la reciente represión migratoria del gobierno de Trump.
Los periódicos Los Angeles Times y San Francisco Chronicle informaron que los manifestantes de «Flags in the Stands», afiliados al colectivo Contra-ICE, distribuyeron 15 mil toallas con este mensaje contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) entre los aficionados de la NFL que entraban al estadio.
Poco después de la actuación de Bad Bunny en el intermedio del Super Bowl, se registró un aumento en las búsquedas sobre si Puerto Rico forma parte de Estados Unidos. La respuesta corta es sí.
Puerto Rico se convirtió en territorio estadounidense tras la Guerra Hispano-Estadounidense, que se desencadenó por la explosión del USS Maine en el puerto de La Habana en 1898. La guerra terminó con la adquisición por parte de Estados Unidos de muchas posesiones españolas, incluyendo Cuba, Guam, Filipinas y Puerto Rico.
Tal como Bad Bunny había adelantado en enero, su actuación en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl uniría a la gente a través del baile.
Casi al final de su presentación, Bad Bunny dijo «Dios bendiga a América» y luego mencionó a todos los países de Norteamérica, Sudamérica y Latinoamérica, incluyendo Estados Unidos y Canadá.
Después de que terminara el espectáculo del medio tiempo de Bad Bunny, el presidente Donald Trump recurrió a Truth Socialpara quejarse de la tradición del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl en general. «El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia», escribió Trump.
El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl existe desde el primer Super Bowl, el 15 de enero de 1967, pero no se convirtió en un evento importante de la cultura pop hasta la actuación de Michael Jackson en 1993.
Bad Bunny garantizó una cosa sobre su actuación en el Super Bowl: el ritmo te atrapará.
El titán de la música global cumplió su promesa durante su espectáculo de 13 minutos en el intermedio del partido, el domingo 8 de febrero, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, dominando el escenario con carisma y una autenticidad innegable.
El Super Bowl puede ser el mayor espectáculo de Estados Unidos, pero Bad Bunny se aseguró de que Latinoamérica fuera la protagonista.
El cantante culminó su actuación en el espectáculo de medio tiempo con una emotiva mezcla de «Café con Ron» y la canción principal de su último álbum, «Debí Tirar Más Fotos».
Desde que comenzó el show, tuve la sensación de estar en medio del Caribe, ese lugar donde nací, en donde la salsa a todo volumen arrulla por las noches. “¡Y qué rico es ser latino!”, así en español y sin subtítulos. Los campos de caña de azúcar,las palmeras sobre del escenario, el puesto de cocos fríos y las mesas de manicuristas, una barbería, la bodega… Todos los referentes que como latinos nos sitúan dentro y fuera de la misma diáspora. Incluso vimos lo no tan bueno: Bad Bunny se trepó a postes de luz centelleantes, recordando las fallas en la distribución de servicios esenciales, tanto en su nación, como en tantas otras: El apagón.
También vimos un puesto de piraguas, o raspados de sabores para aliviar el calor, los tacos de la esquina, una venta de oro y plata. Obviamente, estuvo presente el sombrero “Pava” que lo ha acompañado en esta conquista inversa, a través de la música. También vimos una boda colectiva, un guiño a la televisión dominical de toda Latinoamérica. Un coche antiguo, la pick-upestilo años 50, que nos recuerda el esfuerzo de nuestros antepasados y la disposición por seguir labrando la tierra, allí donde vayamos. Elementos identitarios que no se rinden, que luchan contra el olvido, contra el rechazo.
Con una estructura sencilla, reconocible, que remitía de inmediato a los hogares latinos, al barrio, a la vida cotidiana, lejos de la postal turística, esta no fue una escenografía neutra; era un gesto político y afectivo. En el contexto del Super Bowl —un espectáculo dominado por la grandilocuencia estadounidense—, La Casita nos hablaba de pertenencia, de origen y de resistencia. “Seguimos aquí”, gritaba el “Conejo Malo”a todo el mundo, tras mencionar en voz alta a México, Argentina, Colombia, Chile, Brasil, Perú, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Guatemala, Panamá, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Estados Unidos, Canadá y las Antillas.
No solo apareció la bandera de Puerto Rico, sino la de todos los países que conforman nuestra AMÉRICA, sí en mayúsculas, esa que merece ser “bendencida” por completo, con una fuerza imposible de ignorar. No ondeaban como un adorno folclórico, sino como un recordatorio de una identidad compleja, marcada por el colonialismo y la supervivencia en nuestros países. Oír a toda una región en el Super Bowl 2026 fue, para mí, un momento de profunda latinidad, de orgullo y reconocimiento, de honestidad a flor de piel.
Musicalmente, el recorrido fue igual de significativo. Más allá de los éxitos globales, lo que se sentía era una narrativa compleja: ritmos caribeños dialogando con la maquinaria del pop, Ricky Martin sentado en esas sillas de monobloc plásticas, que todos conocemos y hemos disfrutado; en las que dormimos como niños, mientras nuestros padres bailaban. Eso sí, sin perder el mensaje principal: Todos somos uno.
Aquello se leía como una inversión de roles: no era Bad Bunny adaptándose al Super Bowl, sino el Super Bowl adaptándose, por unos minutos, a Puerto Rico y a la complejidad del Caribe. El escenario dejó de ser solo un espacio de entretenimiento para convertirse en un territorio cultural.
