El terror japonés regresa a su esencia más pura con «Dollhouse: Muñeca Maldita», una cinta que no se contenta con asustar, sino que interroga los límites del amor y la locura. Dirigida por Shinobu Yaguchi, la película nos sitúa frente a una madre que, tras la pérdida de su hija, encuentra en una muñeca idéntica un consuelo que pronto se revela como una condena. La muñeca no es un juguete, sino un receptáculo de culpas y sombras.
Con una atmósfera opresiva y un diseño sonoro que convierte cada susurro en una amenaza, la cinta explora cómo el duelo puede deformarse en obsesión. La muñeca deviene un doble siniestro, un eco perverso del ser amado que ya no está, pero cuyo vacío se llena con presencia fantasmal. Es el horror de lo familiar vuelto extraño, de lo íntimo transformado en pesadilla.
A través de Cinépolis +QUE CINE, el film llegará a salas selectas, invitándonos a una reflexión tan perturbadora como necesaria: ¿hasta qué punto nos aferramos a los fantasmas para no soltar el pasado? «Dollhouse» no es solo un relato de terror, sino una metáfora desgarrada de cómo, a veces, es el amor el que nos condena a la oscuridad.
