Manuela habla sobre el estreno de Monstruo de Xibalbá, su ópera prima, una película profundamente emocional que mezcla la inocencia infantil con el misterio de la selva maya.
La cineasta comparte que este proyecto nació en 2010, impulsado por su propio miedo a la muerte y la necesidad de explorarlo desde la mirada de un niño. Tras varios cortometrajes con protagonistas infantiles, este largometraje representa el sueño que dudó muchas veces si lograría concretar.
Filmada en múltiples locaciones de Yucatán —como Río Lagartos, San Felipe, Yaxuná, Mérida y Celestún—, la cinta fue un reto por el clima, los trayectos, el uso de no actores, animales y la participación del protagonista infantil Rogelio, a quien considera un talento natural.
La directora explica que la película combina humor, suspenso, misticismo y un profundo amor por México. Destaca también el trabajo de fotografía con Damián Aguilar y la música compuesta por Tomás Barreiro, quien se sumó al proyecto incluso cuando ella ya no tenía fondos para la postproducción.
Manuela defiende que Monstruo de Xibalbá debe verse en cine, gracias al detallado diseño sonoro y la intención de crear una experiencia inmersiva. Aunque reconoce la importancia del consumo audiovisual en redes y dispositivos, afirma que la película está hecha para disfrutarse en pantalla grande.
