Hay sonidos que nunca mueren. Son los que se heredan, los que cruzan fronteras, los que llevan en su pulso el eco de una historia compartida. Así es la música de los Gipsy Kings, una banda que nació del fuego y la raíz gitana, y que hoy, encabezada por André Reyes, vuelve a México con tres conciertos que prometen noches de pura energía y celebración. Aguascalientes, Querétaro y Ciudad de México serán las paradas de esta gira que revive el espíritu de la rumba flamenca que conquistó al mundo.
Detrás de cada acorde de guitarra hay una historia que comenzó hace más de cuatro décadas, en el sur de Francia, cuando las familias Reyes y Baliardo, descendientes de gitanos españoles, encontraron en la música una forma de conservar su identidad. En los años setenta, André, Nicolás, Tonino y sus hermanos crecieron tocando en bodas, ferias y reuniones familiares, hasta que esa unión espontánea dio origen a una de las agrupaciones más emblemáticas de la música latina moderna. Así nació Gipsy Kings, una mezcla de tradición flamenca, ritmo latino y espíritu universal.
Su fama se disparó a finales de los ochenta, cuando canciones como “Bamboleo”, “Djobi Djoba”, “Volare” y “Bem, Bem, María” recorrieron el planeta. No había idioma ni frontera que pudiera resistirse a ese sonido de guitarras rasgueadas con fuerza, voces que ardían en emoción y percusiones que parecían latir al ritmo del corazón gitano. Con su álbum homónimo de 1987, Gipsy Kings conquistó Europa, América y Medio Oriente, y se convirtió en una de las agrupaciones más importantes de la década. Desde entonces, su música ha vendido más de 60 millones de copias en el mundo y ha sido reconocida con premios como el Grammy Award al Mejor Álbum de Música del Mundo.
Hoy, André Reyes continúa esa historia con su propia formación, Gipsy Kings by André Reyes, una evolución natural de la leyenda. Con él viajan nuevas generaciones de músicos (hijos, sobrinos, herederos del ritmo) que aportan frescura sin perder la esencia. En sus presentaciones, los clásicos de siempre se mezclan con temas nuevos como “La Negra”, donde la rumba se vuelve moderna sin dejar de ser fiel a su origen. Su espectáculo es una experiencia viva, con guitarras flamencas en diálogo constante, palmas, coros, improvisación, y una energía que contagia incluso antes de que suene la primera nota.