El cielo de la ciudad se iluminaba con la expectativa. La gente comenzaba a llenar el recinto desde temprano, con camisetas vintage y sonrisas cómplices. Al llegar al Escenario GNP Seguros, un contador regresivo en las pantallas avivaba la emoción. Cada segundo que pasaba aumentaba el murmullo, los gritos, y esa energía colectiva que solo un concierto puede generar.
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