Ciudad de México, 12 de octubre de 2025.
La noche cayó sobre la Roma y el Auditorio BB se preparó para recibir una de las presentaciones más intensas del año. Desde Seattle, Poppy llegó a la Ciudad de México con su gira They’re All Around Us Tour, presentando su más reciente material, Negative Spaces, un álbum que marca una nueva era en su carrera: más oscuro, más experimental y con la fuerza suficiente para romper los límites del género.
Poppy comenzó como un experimento visual en YouTube; hoy, es una de las voces femeninas más influyentes del nu metal y el arte industrial, y la primera mujer en ganar un Grammy a Mejor Actuación de Metal, rompiendo barreras en una categoría históricamente dominada por hombres.

El show abrió con Have You Had Enough?, un inicio contundente que encendió al público desde los primeros segundos. La energía era eléctrica: playeras negras, maquillaje gótico y una audiencia lista para entregarse al caos sonoro. El setlist recorrió toda la evolución de la artista —desde los ritmos industriales de BLOODMONEY y V.A.N hasta el lirismo melancólico de Bruised Sky y Concrete— mostrando la fusión perfecta entre metalcore, pop electrónico e industrial.
A lo largo del concierto, Poppy logró que cada canción se sintiera como una experiencia ritual. Su voz, entre lo etéreo y lo desgarrador, conectó con un público que respondió con pogos, gritos y brazos en alto. Visualmente, la puesta en escena fue impecable: luces rojas, proyecciones abstractas y una estética que mezclaba caos y armonía en perfecta sincronía.
Aunque inicialmente se había anunciado que acompañaría a Avenged Sevenfold como telonera, su presentación en solitario confirmó lo que muchos ya intuían: Poppy no necesita compartir escenario para brillar. La artista ofreció un show completo, intenso y sin pausas, donde cada tema fue una declaración de independencia creativa.
Entre los momentos más potentes de la noche destacaron I Disagree y Bite Your Teeth, himnos que desataron el mosh pit y consolidaron la comunión entre artista y público. Al final, tras un agradecimiento breve y una última mirada al escenario, Poppy desapareció entre aplausos, dejando al auditorio envuelto en un eco metálico y una sensación colectiva de haber presenciado algo más que un concierto: una experiencia visual y emocional que redefine los límites del metal contemporáneo.
Poppy demostró que el futuro del metal tiene rostro femenino, y que su nombre ya forma parte de esa nueva generación que transforma el género desde adentro, fusionando la oscuridad con el arte y la vulnerabilidad con la fuerza.
