Rosas comparte su viaje musical desde sus inicios en Culiacán, donde mezclaba teatro, performance y música con su primer proyecto Casi Música, hasta su consolidación como cantautor dentro de la llamada Neotrova, un movimiento de nuevas voces influido por géneros como el trip hop, la electrónica y el rock experimental.
Aunque su raíz sigue siendo la canción de autor, en su nuevo material explora más sonidos electrónicos y referencias a artistas como Björk, Portishead y Cocorosie, sin abandonar la esencia íntima y dramática de sus letras. Resalta también cómo la escena independiente mexicana se sostiene creando sus propios espacios alternativos, en contraste con la centralización cultural de la CDMX.
Se reconoce parte de una generación que incluye nombres como Ed Maverick, Silvana Estrada y Mabe Fratti, con quienes comparte búsquedas artísticas que van más allá de la música, incorporando teatro, poesía y performance en sus presentaciones.
Sobre su trayectoria, enfatiza que no ha sido un camino rápido ni viral, sino paulatino y orgánico, basado en la convicción artística más que en la fama. Aprecia ejemplos como el de Macario, quien también cultivó su música antes de hacerse visible, y celebra que existan espacios como Pitchfork Festival para propuestas de culto y no solo comerciales.
Finalmente, habla de la importancia de seguir soñando y creando a pesar de las dificultades económicas o la comparación en redes, pues para él el mayor logro es haber construido un proyecto fiel a sí mismo, que combina música, arte y vida.
